En pleno invierno de 1.955, John Huston y su equipo de rodaje buscan aguas abiertas y cálidas para llevar a la gran pantalla la enésima adaptación de la novela de Herman Melville, Moby Dick, el peso de esta gran película de aventuras recae sobre otro no menos grande Gregory Peck, quien para mi gusto logra su papel más reconocido a pesar de haber participado en grandes obras maestras como El cabo del terror o Matar a un ruiseñor.
Con un guión adaptado por el mismo director y con la inestimable colaboración de Ray Bradbury, el equipo llega a las Islas Canarias, para rodar la historia de la obsesión devoradora del Capitán Ahab, este patrón del ballenero Pequod solo tiene una meta en la vida, no es cazar ballenas, es matar a Moby Dick, la ballena que le arrancó la pierna y le obligó a llevar esa horrenda pata de palo que golpea la cubierta por las noches y que hace pensar a los tripulantes que Ahab no es más que un ser fantasmagórico que vaga intentando llevar a cabo su venganza, no hay más objetivo en su vida que este, a cambio lo dejará todo, premiará al primero que la aviste con un dobló español de oro, pero la caza y la muerte deben salir de su mano.
En su obsesiva búsqueda arriesgará todo cuanto posee, sin importarle las vidas de los marineros que están hipnotizados por su magnetismo y aterrorizados por su presencia y esa cicatriz que le circunda el rostro, hablar de la trama sería hablar de la novela, por eso nos centraremos en el film, Peck refleja en su notable actuación el odio visceral y la sed de venganza que alimenta su ser, esa es su motivación para seguir vivo, darle caza al mal encarnado por Moby Dick, ua ballena que surca los mares y se defiende cuando es atacada, sin embargo el Capitán Ahab y los relatos que van de boca en boca, otorgan a este ser la entidad de diablo de los mares, guardián del mal de las profundidades, con un poder capaz de partir barcos por la mitad y matar a todo el que se atreva a empuñar el arpón en busca de penetrar su carne y convertirla en aceite combustible.
Película de una carga psicológica densa, una lucha de poder a poder entre dos seres opuestos que terminarán unidos en un destino fatal, aderezada por papeles secundarios muy logrados como el del Mohicano y sus historias y el pequeño grumete Ismael, aspirante a ballenero que será el encargado de contar lo que aconteció al Pequod, ya que el será por obra y arte de la casualidad, el único superviviente de la caza.
Al terminar el visionado de la obra, podemos llegar a pensar que el Capitán Ahab murió cuando la ballena le arrancó la pierna, el personaje que construye Gregory Peck, parece que pertenece más al mundo de los muertos que al de los vivos, el temor que le tienen los tripulantes y la confesión que hace en la escena de la toldilla, cuando revela que la verdadera misión no es cazar ballenas si no matar a Moby Dick , no deja lugar a dudas, taciturno, enérgico y malicioso , arrastrará en su quimera a la tripulación al fondo del mar donde reside su pierna y el alma de aventurero que una vez tuvo.
El presupuesto de la película fue de 5 millones de Dólares, altísimo para la época.
La maqueta fue de la gran ballena fue construída por técnicos españoles, que además al arrastrarla sobre el agua propiciaron sin pretenderlo la escena donde se ve el brazo de Ahab flotando.
Se consiguió el color característico sobreponiendo al negativo en Technicolor uno en blanco y negro, dando ese aspecto de vieja postal.
John Huston quería rodar en el mar de Irlanda, pero la furia de sus aguas en esas fechas les obligó a bajar a las Islas Canarias, donde tampoco encontró un mar apacible, la última escena se rodó el día 31 de Diciembre de 1.955.
En un principio, Huston quiso interpretar él mismo al Capitán Ahab y darle un papel a Orson welles que le había dado vida en el teatro, al final se le otorgó el papel a Gregory Peck por motivos comerciales, la interpretación de Peck fue muy criticada, se le acusó de ser un doble de Abraham Lincoln con pata de palo.
El rodaje fue un caos según la biografía del director, recuerda que se hundieron tres botes salvavidas, que las tormentas y los fuertes vientos separaban los barcos y se tardaba mucho en reagruparlos, incluso se perdieron en las aguas dos de las tres ballenas mecánicas que se usaron para el rodaje.
Gregory Peck se negó a utilizar especialistas que le doblaran en las escenas peligrosas.



Marzo 18th, 2009








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DE LAS MEJORES ,SI NO LA MEJOR DE LAS ADAPTACIONES DE LA NOVELA DE HERMAN MELVILLE