En nuestro esfuerzo por combinar nuestro cine con todos nuestros artículos en la web y sin dejar de lado ninguno, hoy retomamos el cine español, de la mano de una de nuestras más grandes personalidades en el mundo cultural catalán y español, José María Pou, un excelente y polifacético actor que siempre ha demostrado su valía en todo tipo de medios, radio, televisón, cine y sobre todo teatro, hoy hablaremos de Los años bárbaros, film de Fernando Colomo donde nuestro Vincent Price español (es que a mí siempre me recuerda al gran Vincent) encarna a un simpático profesor, curiosamente en su nuevo proyecto teatral también ejerce la docencia.
El argumento de esta divertida oda a la libertad en todos los sentidos del ser humano, está basado en hechos reales y relata los avatares de la vida de dos jóvenes estudiantes (Ernesto Alterio y Jordi Mollá) que debido a su antipatía por el régimen del odioso dictador que tuvo que sufrir nuestro pueblo durante tantos años son enviados a un campo de trabajo, ignominiosa dictadura que perseguía culaquier síntoma de libertad de expresión o manifiesto cultural contrario a los castos y obsoletos ideales del sistema de represión franquista.
Su delito, ser pioneros del graffiti que expresaba las ansias de libertad de una sociedad cada vez más dividida, con la falta añadida de ejercer su derecho a opinar, hecho este ampliamente perseguido y silenciado durante aquellos oscuros años, se pretendía quizá algo así como la España va bien que años después otro infame personaje nos pretendió inculcar bajo una sonrisa de hiena saciada de carroña.
Pero dejemos la política porque la sangre hierve y centrémonos en el cine, esta cinta nos narra en todo divertido las peripecias de estos “protestantes” tanto dentro de ese campo de trabajo como fuera de el una vez alcanzada la fuga, el tono de la comedia es elegante y altamente sofisticado, quizá esta sea la causa de su poca valoración hoy en día, pero creo que es una muy recomendable obra a recordar, durante su visionado se distinguen perfectamente varias fases, pasando del drama a la comedia agridulce y volviendo a recuperar el tono dramático, se agradece que ese tono dramático siempre venga acompañado de un guión adaptado que no pretende profundizar en la herida, siendo benévolo con el espectador.
También se agradece y mucho por mi parte la idea de caricaturizar a los personajes que representan esa absurda opresión, porque en el fondo se logra demostrar la ignorancia más grave de todas y quizá el pecado que nunca ninguna misa debería perdonar, la censura y la violencia ante la libertad, y es que por desgracia para nuestro desarrollo nos dirigieron una pandilla de analfabetos absolutistas y ladrones de valores humanos, estos personajes contrastan sobremanera con la ideología que demuestran quienes van atravesando y dejando huella en la película, pequeños pero necesarios para mantener el equilibrio entre drama y comedia.
Durante el metraje lo que parecía una tragicomedia se convierte en una road movie con momentos sublimes y disparatados, José María Pou está soberbio en su papel más divertido, creando y logrando ese contraste que apoya el mensaje de libertad que se pretende mostrar, Juan Echanove entona con soberana dignidad y altanería ese Me cago en Francia que junto con los diálogos del Sr. Pou son lo mejor y más divertido.
Mención aparte el ayudante de fuga francés y las dos bellezas americanas que acompañan y enamoran durante su travesía por la España de los años bárbaros a nuestros dos universitarios cuyas pintadas les reportarían duros trabajos y provocarían una huída hacia la libertad, hecho este que en el guión se aprovecha para crear un acertado juego de idiomas, narrada con maestría y mucho pulso por parte del director, quizá el problema de esta cinta es la época en que se rodó, años finales de los 90 salpicados de superproducciones y donde el cine español apenas podía resistir en taquilla, además cuando decías que habías visto una película española te ponían mala cara y para más inri cuando contabas de lo que iba, la gente te escupía en la cara el típico, bah, otra españolada.
Y es que en nuestro país somos tan exigentes que pensamos que solo Billy Wilder sabe hacer tragicomedia y si nos hacen pensar mucho en el cine y no nos hacen reír o no nos muestran los pechos de la actriz al menos dos veces, la película es mala y aburrida.
Destacar que es motivo de orgullo para los que amamos la libertad, que esas pintadas sobre nuestros genios poetas del pueblo Lorca y Hernández todavía se pueden ver y en homenaje a ellos, dejo esta secuencia de video.



Mayo 30th, 2009








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