La vida privada de Sherlock Holmes

Abordamos la obra más controvertida de un maestro del cine, Billy Wilder, hoy en día La vida privada de Sherlock Holmes ya no se considera un fracaso, quizá un film desconocido del genio, en su momento fue masacrada por la crítica que a su vez hoy la considera una de sus obras más completas, sobre todo en el aspecto visual y narrativo.

La elección de Robert Stephens para darle vida al mítico detective fue vapuleada por acérrimos fans que tal vez tenían imborrable la huella que dejó Basil Rathbone en sus entrañables películas de los años 40, sin embargo a mí la elección me parece muy acertada, Wilder se aleja del estereotipo creado por Rathbone, arriesga muchísimo dotando al personaje de humanidad, por primera vez Holmes es un ser vulnerable, derrotado y abatido, hablando si tapujos de sus adicciones y sus manías y dejando de lado a su inseparable Watson magníficamente interpretado por Colin Blakely, la causa de su derrota y posterior melancolía será una belleza, la de Genevieve Page que le llegará a nublar los sentidos en un juego de inocente seducción con fuerte carga sensual al estilo Wilder.

La obra arranca con el extraño caso que les plantea una hermosa y amnésica mujer que es llevada a la casa de Watson y Holmes en plena noche, desde un principio Holmes se siente más atraído por su belleza que por la dificultad del caso, aun así a Holmes se le plantea una intriga que Wilder trata con un humor al que nos tiene acostumbrados, cinismo y crítica marca de la casa, las pruebas, una carta, canarios, una familia de enanos secuestrados… con estos ingredientes cualquier otro director habría fracasado, pero no es el caso en esta película, gracias al excelente guión de la pareja Wilder/Diamond, a la maestría narrativa del genio y a una memorable partitura de Miklos Rozsa que es la piedra angular del film nos embarcamos en las Highlands escocesas para descubrir que trama el Servicio secreto de su Majestad la reina Victoria, sociedad en la que está involucrada Mycroft, el hermano de Sherlock Holmes que es interpretado por el otrora villano Christopher Lee que está perfecto como siempre en su papel.

La fotografía de los exteriores en Escocia es de las que invitan a hacer turismo, al margen de la fuerte carga emocional que le imprime el concierto de violín del genio Rozsa, dividido en tres partes y que por momentos logra que la película parezca más inspirada en la partitura que en el personaje y sus andanzas, soberbia y memorable obra maestra de un genio irrepetible, cuya emotiva interpretación del propio Holmes cuya afición al violín es de todos conocida crea un arranque mágico del film.

El detective que se nos describe es frío, calculador, astutamente despistado, drogadicto al 5% que es la disolución de cocaína que se inyecta para combatir su flemático aburrimiento, y sobre todo complicado, muy complicado, además el actor que le da vida no pasaba por sus mejores momentos durante el rodaje y llegó a intentar suicidarse.

Para Wilder es su película maldita, en su biografía apenas aborda el tema, cuenta que la concibió como una serie episódica pero le obligaron a recortarla y comprimirla, a partir de ese momento el director la abandonó y no quiso saber nada de ella, según se cuenta se rodaron varias partes de una hora, pero la productora desestimó el proyecto y le pidió que del material rodado montara una película de 2 horas de duración, esto le causó un profundo dolor al director que se desentendió del montaje y post producción, negándose a hablar del resultado hasta años después, ya que para él era su proyecto más ambicioso y personal, se nota el cariño y empeño con que las escenas son rodadas, la esmerada ambientación y la lograda recreación del ambiente londinense y escocés de la epoca.

En toda obra del Wilder siempre hay humor, más o menos velado o disfrazado de cinismo, en La vida privada de Sherlock Holmes no es que escasee el humor, que lo hay, pero se observa más acritud quizá contagiada por el personaje principal y por la crítica que se hace sobre el gobierno británico, que queda patente en la cómica y pomposa visita de la reina Victoria al castillo de Urquhart en el lago Ness para ver a donde va a parar el dinero de la corona, según ella en absurdos proyectos.

El Sherlock que Wilder nos regala en esta obra maestra inacabada, se deja interpretar por nosotros mismos, el personaje ofrece multitud de lecturas, a veces con amigos hablando sobre la película me hablan de un ser misógino, homosexual, drogadicto, arrogante, odioso, maniático, sí, todo ello queda perfectamente retratado, pero también nos enfrentamos a un ser humano lleno de dudas sobre su personalidad, un genio en deducción, un ser vulnerable y melancólico, que combina inteligencia con torpeza y que es ta crítico con la sociedad como consigo mismo, huyendo de la mezquindad y siendo partícipe de su propia desmitificación.

Una obra para ver, descubrir y redescubrir, pues como siempre en la obra de Wilder, la primera vez se nos escapa algo y en la segunda descubrimos más detalles, para fans del personaje, para apasionados de la música y para amantes del paisaje escocés, como es mi caso, pues estuve en los lugares donde se rodó y encajan a la perfección las escenas rodadas con el encanto del paisaje y su atractivo magnetismo.

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