La Reina Victoria

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Siguiendo las críticas de estrenos que se irán alternando con clásicos, hablaremos de la recién estrenada y esperada La reina Victoria, esperada pues ya venía con una carga publicitaria añadida, ya que parecía más importante destacar la producción de Martin Scorsese y Sarah Ferguson que lo que se contaba o la orientación descaradamente romántica de la cinta.

La siempre compentente Emily Blunt muy bien acompañada de Miranda Richardson, nos ofrece un jovial y ameno retrato de la joven reina Victoria (que es como se debería haber titulado la obra) centrándose en la gran historia de amor que vivió con el Príncipe Alberto.

Y es que a pesar del rigor histórico y la cuidadísima y soberbia ambientación, no esperemos una radiografía exhaustiva de la brillante época Victoriana ni de la expansión del Imperio Británico, es una cinta romántica y preciosista, dulzona pero con estilo y muy entretenida.

La hija del Duque de Kent, sobrina del Zar Alejandro y Tatarabuela del Rey Juan Carlos I de España, nació con el 5º lugar en orden de sucesión al trono, pero por diversos avatares trágicos con solo 3 años de edad ya estaba muy cerca del trono, por lo tanto se le enseñó a hablar inglés a esa edad, pues su lengua materna era el alemán.

A los 11 años ya era la primera heredera oficial al trono pero aun tendrían que pasar muchas cosas… y aquí es donde la película digamos que empieza, con 16 años conoció a su primo el Príncipe Alberto de Sajonia, el motivo de este hecho era como no, la presentación oficial como su prometido, Victoria se enamoró perdidamente mientras Alberto era un poco reacio al amor pero totalmente entregado al estatus que este enlace le reportaría.

Con el paso del tiempo la película nos narra esta historia de manera muy amena, muy acaramelada en algunos momentos pero quizá ese es el mayor atractivo pues quienes hemos acudido a verla no esperábamos otra cosa, por lo tanto advertidos estábamos, la obra se centra en esos años de conocimiento por parte de la pareja, una pareja que llegó a ser un ejemplo de fidelidad y amor como pocas, siendo Alberto un marido ejemplar y Victoria una esposa enamorada hasta después de su muerte pues ordenó que en su ataúd se depositara un traje de gala de Alberto.

La película ofrece entretenimiento, romance, exquisita belleza, suntuosidad y una perfecta ambientación que logra trasladarnos a tan bella historia de manera ágil y no defrauda en su cometido.

Buenas interpretaciones sin niveles altos de exigencia y el aspecto más destacable es el visual y la belleza de la protagonista, quien logra alejar de nuestra mente ese recuerdo que nos queda al ver los retratos de una reina vieja y enlutada en su viudez y posterior retiro de la que fue la regente más longeva del Imperio Británico.

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