Hay películas que están destinadas a convertirse en clásicos nada más rodarse, hecho que queda confirmado cuando nos sentamos en la butaca del cine y disfrutamos durante dos horas y pico de un ácido y divertido guión, de una sólida trama y como no de Clint Eastwood en estado puro, menudo canto de cisne que nos ha regalado.
Aconsejo a quienes no han visto esta joya que vayan a verla, en caso de haberla visto pueden seguir leyendo, en caso contrario podrían conocer detalles de la película que es mejor ver antes, pero es tan buena que no me he podido resistir a hablar de ella.
La historia y el guión son de Nick Schenk, pero el indiscutible sello del viejo Clint, está presente en cada fotograma, en cada reflexión, en cada pausa, con esta su última aparición en la gran pantalla, el actor/director nos repasa a veces con cierta acritud otras con un tono cómico, los temas que siempre han estado presentes en su filmografía, los ecos de la guerra y la inutilidad de la misma, la familia, la muerte y la consiguiente pérdida de fe, las obsoletas tradiciones, el racismo y la intolerancia, pero sobre todo las sorprendentes y sorpresivas relaciones humanas.
Y es que con cuatro de las viejas pesetas pero con maestría y buen hacer, cualquier historia buena no necesita artificios para derrumbar viejos mitos y abrirnos las puertas del corazón, quedando ampliamente demostrado en cintas como esta.
Clint, interpreta a Walt Kowalski, un veterano de la Guerra de Corea, viudo y viejo cascarrabias cuya pasión son las herramientas y mantener impoluto su Gran Torino, después de su mujer fallecida su coche es su único motivo para ver los días pasar bajo ese porche acompañado de su perra y sus cervezas.
Rodeado de inmigrantes y con una familia que le tiene por imposible deberá enfrentarse al cambio de su monotemático e involutivo mundo, a una realidad propia de los tiempos que corren, al choque cultural que siempre ha negado en su profundo pesar por los recuerdos de una lucha que solo le trae pesadillas, también se enfrentará a la pérdida de su fe, al monstruo de la religión y a sus vacuas excusas ante la muerte de un ser querido, al miedo de que las nuevas generaciones pierdan los valores que siempre le han enseñado y al desmembramiento de su familia.
Utilizando como nexo de unión su vieja joya de cuatro ruedas que para él es como la carroza de Cenicienta, nos lleva por un iniciático viaje a otras culturas y a la integración de la sociedad, todo en clave de humor dramático, hecho que algunos en la sala tacharon de racista, uf que malo es malinterpretar una palabra o un comentario, hay que estar muy ciego para tachar a su personaje de racista, más bien es todo lo contrario, pero bueno, cada cual entiende a su manera.
También nos da un repaso a sus personajes de toda la vida, con guiños y tics que nos recuerdan a Harry Callahan (El Sucio) sobre todo con esa manera de apuntar que solo Clint posee en la historia del cine y a otros personajes de sus tantas y grandes obras, logrando una despedida digna de un maestro, con el consabido triunfo de haber hecho las cosas bien, con ese sabor a película modesta pero insuperable, lenta y emotiva, llena de reflexiones, que logra resolver el puzle de una sociedad violenta y desdibujada que es la que Esatwood divisa desde su silla en el porche de su casa, pero en realidad es la que todos vemos en cualquier telediario, que utiliza dos personajes juveniles para lograr avistar una esperanza en el horizonte, llegando a un clímax final donde el maestro emprende ese viaje solitario donde entierra a todo sus personajes y nos deja (esta vez para siempre) con ganas de volver a verle llenando la pantalla.
Emotivas escenas de furia contenida, milimétricamente calculada para provocar daños colaterales en el espectador, duelos de palabra tensos y con una densidad que asusta e inquieta, magnífica la escena del diálogo con el cura en penumbra, emotivo final donde ante la ausencia de un Dios que le diera fe el protagonista se erige en redentor de la sociedad que refleja en este estupendo e imprescindible film.
Que no haya estado en los Oscars de este año me sorprende y me enfada, ya que si no se lo dieron por su tremendo papel en Sin Perdón y no se lo han dado por Gran Torino, la Academia Americana debería reaccionar cuanto antes y compensar a este grandísimo cineasta.



Abril 2nd, 2009








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