En el año 1975 por fin pudo cumplir su sueño el gran John Huston, con diferentes actores de los que tenía planificados 30 años antes, pero con un resultado inolvidable, Sean Connery y Michael Caine magnifican esta maravillosa película de aventuras, quizá una de las más logradas y divertidas de la historia del cine, al estilo Gunga Din y otros grandes clásicos del género.
La sinopsis ya de por sí es atractiva, dos ex soldados del ejército inglés con un indomable espíritu aventurero, pillos, estafadores, contrabandistas, mercenarios, pero con elegancia y flema inglesa, deciden convertirse en reyes del lejano Kafiristán, cruzando el Himalaya y adiestrando una milicia de torpes que les llevarán a ser aclamados como dioses a lo largo de una divertida odisea que nos hará reír y disfrutar como pocas.
Cada vez que a la veo me parece estar visualizando una oda a la amistad, a la fidelidad y a las ganas de vivir y ganarse la vida sin perder el amor por la aventura, llegando a arriesgar la propia vida en el empeño, sobre todo en la parte en la que ambos están atrapados en la nieve, condenados a morir y deciden quemar su último tronco de leña mientras repasan su vida, en ese momento surgen las anécdotas de una vida cargada de emociones y afloran las risas y el orgullo, las carcajadas provocan un alud que les salva de una muerte segura y les abre el camino de nuevo hacia Kafiristán, logrando transmitir un mensaje hermosamente plasmado en imágenes y es que quizá reírnos de la vida es lo que nos puede salvar de la muerte.
Todo ello narrado de forma excelente gracias al guión que el propio Huston firma conjuntamente con Gladys Hill, basado en un relato de Rudyard Kipling, con una soberbia y bellísima fotografía, evocadora y mágica y un ritmo narrativo impecable, sin pausas y sin decaer ni un solo instante, la banda sonora de Maurice Jarre es muy efectiva y maneja el tempo con maestría.
Hablar de las interpretaciones es tocar el cielo, tanto Michael Caine como Sean Connery están irrepetibles, entrando en el Olimpo de las mejores parejas del cine, la vis cómica de Connery nunca antes vista, sorprende y divierte a partes iguales, lo borda, su compañero Michael Caine está inmenso, aporta drama, hace de narrador, negociante, cabeza pensante, nos hace reír y pone el contrapunto al loco idealista de Connery y sus salidas de tono, ambos están memorables y la química entre ambos es perfecta y totalmente creíble.
Con el mérito de lograr que escenas que en la piel de otros serían casi ridículas, la maestría de Huston y el talento y arrojo de estos dos grandes se consiguen convertir en clásicos, me vienen a la memoria la carga de Connery contra todo un ejército, el solo con su casaca roja y su sable, o cuando se pone a cantar y bailar para despedir a unos beduinos, o Caine adiestrando el paso a un batallón de torpes… o frases tan impactantes como cuando Rudyard Kipling (en el film encarnado por Christopher Plummer) les tacha de locos por atreverse a cruzar las montañas en solitario, una gesta que solo Alejandro Magno hizo 2000 años antes, los dos entrañables personajes le preguntan quien es ese Alejandro, un conquistador Griego les replica, estos le contestan, si lo hizo un Griego lo haremos nosotros! O aquella al que al ser preguntados si son Dioses, estos responden, No somos Dioses, somos Ingleses que es casi lo mismo.
Si alguien me pide que recomiende una película de aventuras de esas que ya no se hacen y vale la pena disfrutar, mi primera opción es El hombre que pudo reinar, sin duda alguna.
Alrededor de esta película hay una historia que merece mencionar, primero os contaré que fue rodada en Marruecos, que la bella mujer que se casa con Connery no es otra que Shakira Caine, esposa de Michael Caine en la vida real.
Pero lo más interesante es que esta obra robó el sueño de John Huston durante muchos años, los protagonistas iban a ser Humphrey Bogart y Spencer Tracy, más tarde se pensó en Clark Gable para sustituir a Tracy, pero Gable murió, se llegó a contemplar rodarla con Burt Lancaster y Kirk Douglas, tampoco cuajó y finalmente la pareja elegida fue Robert Redford y Paul Newman, sin embargo y a pesar del interés de Newman, este recomendó a Connery y Caine, no sabremos que hubiera pasado con semejantes estrellas sugeridas para el proyecto, pero visto el resultado me quedo con la pareja final, sin lugar a dudas.
Muchos amigos me han comentado sus reticencias antes de verla, pensando que se trata de una cutre película de aventuras de los años 70, desde luego una vez la han visto se convierte en una de esas joyitas de cabecera que siempre se tiene en cuenta a la hora de pensar en la aventuras de dos entrañables y simpáticos granujas.



Abril 21st, 2009
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