El desnudo en el cine

Desde los comienzos del cine, el tema del desnudo siempre ha motivado polémica, arte?, exigencias del guión?, nah, dinero, publicidad polémica, todo vale para atraer público, eso sí, siempre es la mujer la discriminada, ya en 1933 Hedy Lamarr fue “usada” como reclamo publicitario para generar taquilla en Extasis, una película vanguardista cargada de erotismo que no necesita de un desnudo justificado, en ella hay varias escenas mucho más atrevidas sin necesidad de que la protagonista se muestre desnuda y son de alto voltaje erótico para aquella época.

Su desnudo integral mientras perseguía a un caballo fue anecdóticamente considerado como el primero en la historia del cine comercial, mucho antes la pornografía y el erotismo se habían adueñado del cine, pero de manera privada para grandes personalidades que se podían permitir el contratar un equipo privado y pagar actores dispuestos a rodar esas escenas, uno de los más famosos fue sin duda nuestro Rey Alfonso XIII quien encargó al Conde de Romanones una serie de películas pornográficas para su real divertimiento, mientras la Reina Consorte Vistoria Eugenia se dedicaba a obras benéficas como financiar a la Cruz Roja.

Como curiosidad sobre Hedy Lamarr he de comentar que la actriz inventó una señal de radio que no se podía interferir, la patente de esta señal se la regaló a los Estados Unidos.

A partir de esos años, el desenfreno erótico creado por los fastuosos rodajes de Cecil B. De Mille o Erich Von Stroheim, acompañado por las vaporosas vestimentas de las chicas de Busby Berkeley y sus coreografías, fueron censurados por la aparición de un hipócrita, Will Hays, famoso autor del Código Hays que sentó los referentes de la censura, le he llamado hipócrita porque considero que un censor de este tipo lo es, a lo largos de los años considero que el desnudo ha sido discriminatorio para la mujer, pero el hecho de que aparezca un mojigato que quiera ver esas escenas y guardarlas en su archivo personal para visionarlas una y otra vez, me parece hipocresía pura por no llamarlo de otra manera, al igual que la ridícula censura franquista, el patético Caudillo no quería que Gilda se viera en nuestros cines, sin embargo se pasaba días enteros viendo la escena del Put the blame on mame boy, mientras Rita Hayworth desnudaba su brazo, tampoco quería que se viera la bofetada que ella le propinaba a Glenn Ford, patética e hipócrita censura de unos enanos mentales que disfrutaban de un poder usurpado al pueblo.

Hoy en día me sigue dando rabia como se censura un pecho o el trasero del actor, mientras en cada telediario vemos los miembros de un ser humano esparcidos después de un atentado, mientras le dan publicidad a los dictadores bananeros, o se justifican guerras en actos políticos.

Durante el reinado del inquisidor Will Hays, muy a su pesar la andrógina generación de los años 20-30 se fue neumatizando, a las Hedy Lamarr, Theda Bara o Clara Bow, les sucedieron las carnales Jane Rusell, Marilyn Monroe, Jayne Mansfield o Mamie Van Doren y la vieja Babilonia de vicios privados virtudes públicas siguió vigente de una manera más sutil.

A pesar de los avances en materia de libertad sexual, la mujer siguió siendo explotada en el mundo del cine, las caderas de Marilyn, los exhuberantes pechos de Jane Rusell mientras montaba a caballo, los vertiginosos escotes de la Mansfield y el ataque de las Maggioratas italianas seguían “justificando” las masivas taquillas, con los años venideros, la revolución sexual de los 60 y 70 el desnudo era habitual en el cine, ya pasó a ser algo normal, todavía las mujeres iban a ver al galán mostrando bronceado y esculpido torso, pero nunca más allá de ahí era lo mostrado por el actor, la mujer por el contrario era “obligada” a mostrar sus pechos o incluso más allá.

En esos años, debido a la ridícula censura española, capitaneada por cuatro babosos inquisidores, obligaban al españolito de a pié a jugarse la vida en la carretera, sin airbags y sin navegadores, embutido en un Simca o un Seat 850 a cruzar la frontera con Francia, ver Emmanuelle y otros clásicos del erotismo setentero, bajar con el maletero lleno de revistas x y jugarse la cárcel ante las exhaustivas revisiones a las que la Benemérita les sometía.

Patéticos censores que expiarían los pecados de haber visionado esas escenas llenando el cepillo de misa con billetes de Manuel de Falla, o quien sabe si algún verde o violeta también caería.

El caso es que con la llegada de la democracia, comenzó el despelote, al margen de tantas cosas positivas que nos otorgó, pero aquí hablamos ahora de eso, se empezaron a incluir desnudos por doquier, las salas x eran casi más visitadas que las convencionales, en los video clubs había una zona aislada por una cortinilla que era el paraíso, los padres alquilaban una de kárate barata, compraban el periódico y camuflaban aquellas porno de títulos imposibles, los Ozores, Esteso y Pajares vivieron la época dorada, pero todavía la mujer (y más aun creo yo) seguía siendo el reclamo y el objeto, hechoque se puso comprobar en el acontecimiento del año y que dio pistoletazo de salida al pícaro cine español, Maria José Cantudo en La trastienda llenò la gran pantalla de pelo y de paso le provocó un síncope a los de la Epilady .

Ya en los 90 no es lo mismo, por fín hay actores y directores que equilibran la balanza, algunos como Mel Gibson obsesionados con mostrar su trasero en cada película que ruedan, otros como Bruce Willis tratando de recuperar su virilidad cuestionada ante el divorcio de Demi Moore, pero al fin y al cabo ya empezabamos a notar el cambio, se incluían arriegadas escenas de sexo, aunque yo creo que las escenas de sexo casi siempre se pueden ahorrar o mostrarse de otra manera, pero si se ruedan que al menos no sean patéticas, siempre me asaltaba la duda, cuando tengo sexo con mi pareja, ella no sale de la cama envuelta hasta el cuello en sábanas como si fuera un senador romano, ni se gira para vestirse, yo tampoco lo hago, ni me paso el rato after orgasmo tapándome hasta el cuello, no me parece ni elegante ni realista, yo para eso haría como el maestro Hitchcock, en Con la nuerte en los talones, la escena final donde Cary Grant besa a Eva Marie Saint en el camarote de un tren, justo en ese momento el maestro nos regala un plano metafórico donde vemos al tren entrando a toda velocidad por el túnel, digamos que no ha necesitado un kilo de mantequilla para que la gente fuera a ver su película.

En estos últimos años me alegro sobremanera de que se haya equiparado el nivel entre actores y actrices, que la censura sea benévola, que haya directores que arriesguen, que se permita mostrar el sexo como algo natural en una relación, de una manera sana y placentera, debemos pensar que el cine es un espejo donde millones de adolescentes y personas influenciables se ven reflejados, y prefiero mil veces que los jóvenes aprendar a respetar a su pareja y a disfrutar del sexo, que no se pasen la vida soltando soeces y pensando que matar es guay, porque los putos japos, los negros o los hispanos son basura que el Rambo de turno debe limpiar.

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